La brutalidad de “lo bello”

Harry Sparnaay en "JA ZEGGEN", ópera de cámara de Ilse van de Kasteelen (Amsterdam, 1994)

Por Susan Campos Fonseca

El martes 26 de abril de 2011, en la Sala Manuel de Falla (SGAE), en Madrid, la Asociación de Mujeres en la Música (AMM), en colaboración con la Red OFF ARTERIA, presentó, dentro de su temporada 2010-11, un programa de obras para clarinete bajo y cinta (música electroacústica), a cargo una de las figuras más  importantes dentro del ámbito: Harry Sparnaay. A quien la AMM tuvo de invitado dentro del X Festival de Mujeres en la Música celebrado en Getxo el año pasado.

En la primera parte de concierto Sparnaay interpretó Hábitat de Cruz López de Rego (España), seguido de Resonancias II de Ailem Carvajal-Gómez (Cuba-Italia), Sublingual de Alejandra Hernández (México), sobre un poema sonoro de Rocío Cerón  -primera audición en España-,  y de Verónica Tapia (Canadá), Ladano/Sparnaay, todas para clarinete bajo y cinta. Después de la pausa, la segunda parte estuvo conformada por A Chillida en a-ciencia de Mercé Capdevila (España), Por abrir acantilados de Diana Pérez Custodio (España), Ónice de Alexandra Gardner (EE.UU), y de Sungji Hong (Corea), Black arrow, también para clarinete bajo y cinta.

"Cow’s Skull with Calico Roses" (1931), Georgia O’Keefe

No pretendo resumir en unas cuantas líneas lo que implica un concierto de Harry Sparnaay, es una experiencia que tiene que vivirse. Pero no puedo dejar pasar este concierto, porque su naturaleza, y nunca mejor dicho, me obliga a meditar acerca de la brutalidad de “lo bello” (porque todavía se puede hablar de ello dentro de la creación actual). Me llamó especialmente la atención la manera en que Sparnaay entretejió un discurso a través de pensamientos musicales que de forma aislada podían parecer disímiles, pero que en el contexto de su interpretación desvelaban, en concordancia con las primeras vanguardias, -por ejemplo, en las pinturas de cráneos y flores de Georgia O’Keeffe-, un tipo de brutalidad de la Naturaleza que resulta “desgarradoramente bella”. No voy a negar que el hecho de que se tratara de obras de compositoras me llevó a cuestionar, en este sentido, en qué medida subsiste una narrativa común que vincula este tipo de “belleza” con “lo femenino”. Pero debo confesar que en las obras en cuestión subsistía como expresión una “fuerza de la naturaleza” en su sentido matricial más oscuro, no sé si consciente o inconsciente. Sentido que en conjunto, mediado por la interpretación de Sparnaay, pareció desvelar una paisaje sonoro indómito, como si existiera un caudal subterráneo que las uniera…

"Luminoso" (CD, portada) de Alexandra Gardner

Porque un intérprete de la calidad de Sparnaay pone en evidencia el problema de caer en los tópicos, y forzar interpretaciones. Pero debo destacar, en el sentido anterior, que más que un concierto tradicional el suyo fue una especie de ritual, es decir, que él participó de ésa condición “oscura” de “lo matricial”. Y al mismo tiempo, el suyo fue un performance acerca de la ejecución de la música clásica contemporánea como filosofía. Lo que otorgó al concierto una cierta condición de “Manifiesto estético”, razón por la que quiero dejar constancia del evento con esta breve nota.

Lamentablemente, no basta con promover la música de compositoras en conciertos si no se deja huella en la crítica, por más sencilla que esta sea. Se hace necesario crear debate sobre las obras, que van siendo filtradas no solo a través de las redes de los patriarcados de turno, si no de los silencios y omisiones del propio gremio “de mujeres”, donde los activismos se confunden con carreras privadas. Porque quizás se trata de eso, de una “carrera privada”, y formar redes para promoverlas. Vamos a ver si es el peso de la calidad o el de la política el que impera. Al día de hoy existe suficiente masa crítica como para averiguarlo.

No obstante, quedan conciertos como el de Harry Sparnaay, donde la diversidad parece revelar una especie de unidad, quizás la matriz de un contratiempo dentro de la propia creación musical y sus cánones en ambos sentidos (patriarcados y activismos feministas). Hay que prestar más atención a este fenómeno, porque más allá del número, de las estadísticas de participación y la llamada “igual de género”, en la creación están pasando cosas realmente importantes a las que no se les está prestando la atención debida. Y este concierto fue una prueba de ello.

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