El cuerpo como memoria (2)

Por Susan Campos Fonseca

To “perfom”, or not to be: that is the question

Serie "princesa de chicle", ANAMUSMA (2011). Foto: Susan Campos.

Las artes manuales, esa “artesanía” de construir arquitecturas para el cuerpo convirtiéndolo en “una habitación propia”. Ese manto de Penélope que se teje y desteje en la continua espera “en casa”. Ese cuerpo interior cuyas formas se elaboran meticulosamente con encajes, alambres y ligas. Corsé que es cuerpo y también memoria. Cabeza de muñeca que en su condición de objeto mutilado, usado y desechado, hoyado y devorado, contemplado, deseado y amado, es consagrado por medio de una liturgia de laca rosa, como princesa de chicle, Alicia en el país de las distopías.

 El arte de ANAMUSMA representa el juego del embody/powerment. La encuentro en LAPIEZA (Palma 15, Madrid), sentada en la vitrina como en un taller de costura, rodeada de una mezcla lúcida entre piezas de junk art y lencería. “A Public Day of Work” se titula la Acción (7 de julio de 2011). Verla trabajar me remite a planos paralelos: al “Women`s Building” de “The White City” en el Chicago de 1893, a una cooperativa de artesanas gallegas en el siglo XXI, a Lady Gaga. “La costura es una escritura”, me dice ANAMUSMA, “nuestras madres, nuestras abuelas, escribieron sus historias de este modo”.

ANAMUSMA en LAPIEZA (7 julio de 2011). Fotos: Susan Campos.

Su acción en LAPIEZA me hizo pensar en algunos feminismos dominantes que, obsesionados con el poder “patrilineal”, se desprenden y miran con desprecio su propia historia contingente. Obsesión con los sistemas “patrilineales” que a devenido en un “pionerismo” caricaturesco, cuyo nivel esencialmente político, como indicó María Zambrano, pretende “totalizar la vida” (Horizonte del Liberalismo, 1930). En otras palabras, controlar todos los niveles de la vida (cultural, económico, social, etc.), bajo un solo modelo legítimo de identidad.

La arquitectura del poder se manifiesta así en el cuerpo, en los “patrones de costura con que diseñamos el mundo”, como me dice ANAMUSMA. La casa la hacen “las otras”, le digo. La casa la hacen “las vencidas”. Pero la habitación propia no es solo el recinto en el cenado, la cátedra universitaria, la dirección de una empresa o institución prestigiosa, es el legado de las vencidas. La casa, imagen dialéctica de la habitación propia, enfrenta, por ejemplo, al feminismo de la igualdad con sus distopías, con su vergüenza. Cuantas crecieron deseando ocupar el lugar del padre, considerando el espacio de la madre (ama de casa) como el recinto de “nunca jamás”. Se habla del empoderamiento del lugar público, pero todavía al día de hoy no se consideran las labores del hogar y el cuidado de la familia como un trabajo, con todos sus deberes y derechos, por supuesto, y realizado por hombres y/o mujeres. Siendo así, “nuestras madres, nuestras abuelas”, me dice ANAMUSMA, “contemplan su vida como pérdida y desperdicio, como una vergüenza”.

Serie "Queer bags" y "Hot bags", ANAMUSMA (2011). Foto: Susan Campos.

Entonces, la historia se lee y se sigue leyendo a través del relato “patrilineal” de la comunidad, sustentado en el orden y legitimidad de la erótica del poder. Relato expuesto en todo su esplendor sacrificial por obras como los queer bags y hot bags de ANAMUSMA. Porque dicho relato supone sacrificar una memoria. Cuantas soñaron con la escritura bíblica (de El Libro), deseándose Minervas nacidas del cráneo de Zeus, olvidando “la costura como escritura” que re-membra el cuerpo, la memoria de la propia contingencia. Re-membrar que ANAMUSMA recoge, como las piezas de lencería que han sido dejadas a sus pies, usadas y lavadas.

Observando, midiendo, imaginando orbes posibles, ANAMUSMA corta, cose, y une las piezas de lo cotidiano, revelando la propia historia contingente de la erótica del poder. El suyo es un juego: sacar el cuerpo interior, corsé de memoria, al exterior, pero no como monumento o ruina, sino como objeto cotidiano, precioso, que se puede llevar puesto, como sus princesas o queer bags.

ANAMUSMA en LAPIEZA

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