El cuerpo como memoria (3)

Por Susan Campos Fonseca

Livro - Carne / Artur Barrio (1978-79)

Poco podría agregar a lo que críticos literarios y artísticos han comentado sobre Tiento (UANL, 2010), de la poeta mexicana Rocío Cerón. Sin embargo me leí el libro de un tirón, sorprendida de cómo se representaba en mi mente cual si fuese una ópera de cámara. Estuve a punto de sentarme al piano y musicar escena tras escena de este “Livro-Carne”. Brotaba ya hecho, imposible de capturar… La base sonora espectral del cello, compuesta por Enrico Chapela (cuyas partituras se incluyen en la edición), y la arquitectura íntima de las fotografías de Valentina Siniego, que, citando a J. M. Springer: “revelan inmediatamente el puctum de la escena” (Tiento, p. 75), servirían perfectamente de base para llevar a cabo semejante impronta. Aunque quizás ya se le ocurrió al propio Chapela, o a Alejandra Hernández, compositora con quien Cerón dio vida a una joya titulada Sublingual, estrenada por Harry Sparnaay en Madrid el pasado abril (Reseña).

Si incluyo esta inquietud dentro de la serie El cuerpo como memoria es justamente porque son el Cuerpo y la Memoria los protagonistas que hilvanan esta obra, que de ser llevada a la escena igual podría compartir tribuna con Desaparecer (música de Maika Makovski, interpretación de Juan Echanove y dirección escénica Calixto Bieito), “poema-concierto” inspirado en cuentos de terror y poemas del escritor norteamericano Edgar Allan Poe.

Luego de sentir como el libro palpitaba en mis manos cual trozo de carne tibia, la idea de acotarlo al fenómeno performativo de la “poesía sonora” o “poesía polifónica”, se me queda algo corto. Tengo la impresión de que, paradójicamente, limita sus posibilidades. Lo que explica quizás el porqué Cerón, en su búsqueda creativa, apuesta tanto por la creación interdisciplinar.

Llego a la conclusión de que la obra de Rocío Cerón y sus colaboradores contiene no solo esa “razón poética” que profesó la filósofa María Zambrano, sino que aspira a su enigmática “razón mediadora”, a Ser/caja de música. Porque en el caso de Tiento, está cargada de una dramaturgia tal, que nos deja una dura cicatriz en el cuerpo (Tiento, p. 59).

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